Archivar paraEnero, 2008

[Fanfic] Música

Música

Summary: Adama y Roslin hacen un pequeño descanso en su dura jornada.

Pairing: Adama/Roslin

Rated: K+

Spoilers: 2ª Temporada

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Laura inspiró con fuerza el olor de Bill y enterró la cabeza en su cuello. Estaban sentados en el sofá de su habitación y ella se apoyaba suavemente en su hombro mientras su mano izquierda descansaba en el estómago del Almirante.

-¿Quieres quedarte? –Bill acarició su brazo dulcemente mientras hablaba.

-Mmmh… mmh… Eso sería fantástico, pero no me gustaría darle a la prensa motivos para que comenzaran a circular rumores de ningún tipo. –Habló con voz apagada, arrastrando las palabras. Tenía los ojos cerrados.

La miró de reojo. -¿Se está durmiendo usted, señora Presidenta?

-Mmh… –Sonrió sin abrir los ojos y se acurrucó un poco más en su pecho mientras le abrazaba por la cintura. –Sí.

Bill bajó la mano por su espalda y comenzó a acariciarla con suavidad. Se dio cuenta de que con su mano podía abarcar la mitad de su cintura, y no fue capaz de reprimir el impulso de apretarla contra su cuerpo. –Deberíamos descansar más a menudo. –Suspiró.

–En realidad no creo que sea buena idea, después no habrá quien nos levante. –Sus palabras acariciaron el cuello de Bill. Cada ráfaga que tocaba su piel conseguía estremecerle.

A Laura le costó un esfuerzo sobrehumano levantar la cabeza de su hombro. –Tenemos que movernos, o sino me acabaré durmiendo de verdad. –Posó sus pies descalzos en la alfombra y se apartó de él. Se había acoplado tan bien a su cuerpo que la separación fue casi dolorosa. Estiró su espalda y comenzó a calzarse.

-¿Te apetece tomar algo? –Bill se había levantado y se acercaba pesadamente al mini bar.

-Por favor -asintió. Cerró los ojos y movió el cuello de izquierda a derecha. -A poder ser algo fuerte -añadió con un suspiro. Le oyó reírse en voz baja.

Al cabo de unos minutos de oír tintineo de botellas, se acercó a indagar. Se colocó justo detrás de él y se puso de puntillas para asomar la cabeza por encima su hombro. -¿Pretende envenenarme, Almirante?

-Caliente, caliente. –Levantó la copa que tenía en la mano hasta la altura de sus ojos. El vaso contenía un líquido verde brillante.

-¿Ambrosía? –Se sorprendió, desde la cena con los Tigh hace meses, no había vuelto a ver ese licor en ninguna otra parte.

Cogió el vaso que le ofrecía, acercó sus labios y tragó lentamente mientras le miraba. Y aunque el líquido comenzó a quemarle la garganta, le dejó un regusto dulce en el paladar.

Bill la observaba en silencio mientras probaba su copa. Su dedo pulgar había comenzado a acariciar el cristal de su vaso.

Se preguntaba si era consciente de ello.

Bajó la copa y se lamió los labios. Le gustaba ese sabor. Y aunque sus ojos viajaron con su vaso, notó los de Bill clavarse en su boca. Inspiró despacio para hacer acopio de valor y levantó la cabeza de nuevo. Levantó sus párpados despacio para mirarle fijamente. Aun no había olvidado del todo sus años de aprendizaje en la facultad.

Ladeó la cabeza y entreabrió los labios casi imperceptiblemente. Le vio bajar su vaso hasta tocar la mesa de cristal, después acercó la mano libre hasta su cara y le apartó un mechón de pelo. Su mirada la quemaba. Cerró los ojos, le sintió moverse más cerca de ella, su after save flotaba en el aire y sus dedos comenzaron a acariciar su mejilla. La espera se hizo eterna, casi insoportable, y cuando estaba a punto de abrir los ojos de nuevo, su boca suave y caliente le acarició los labios.

Sólo una caricia. Sólo fue una caricia y se apartó de nuevo. Cuando abrió los ojos seguía muy cerca de ella, invadiendo su espacio personal sin ningún reparo. En pocos segundos Laura tomó la decisión de que no iba a dejar escapar otra oportunidad así. No se iría. No esta vez.

Recorrió esos escasos centímetros de nuevo, despacio, casi a cámara lenta. Rozó su labio inferior contra los suyos, sin moverlos, sólo tocándolos. Se acercó, acaparó su labio superior, estaba reseco, olía a alcohol. Le besó en la comisura, lamió lentamente una pequeña herida de sus labios partidos. Y cuando por fin entreabrió su boca para dejarla entrar, se entregó sin reservas.

Un gemido sordo se escapó de su garganta cuando se separaron. Para su sorpresa, él no retrocedió, no huyó. Se quedó frente a ella sonriendo levemente.

Bill posó una de sus manos en su cintura mientras se acercaba a ella, y cuando habló lo hizo en un susurro ronco, sin apenas mover los labios. –Definitivamente deberíamos descansar mucho más a menudo, señora Presidenta… –Laura sonrió con timidez, y por toda respuesta le vio inclinarse de nuevo sobre ella. Un escalofrío le recorrió la espalda cuando volvió a besarla.

A veces, las palabras de Bill tintineaban como música en sus oídos.

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[Fanfic] Miedo

Miedo

Summary: Laura escribe en su diario.

Pairing: Adama/Roslin

Rated: K

Spoilers: 3ª Temporada

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Nueva Cáprica. Quinto mes de ocupación cylon.

Diario de Laura Roslin.

Día 145 de la ocupación cylon en Nueva Cáprica.

La fe entre nuestro pueblo se deshace como la espuma dando paso a la mas absoluta desesperación. Personas que han perdido a sus familias son ahora el arma más poderosa que poseemos. Cuando a uno lo despojan de todo lo que ama, el miedo desaparece, el dolor desaparece, solo queda un único sentimiento. La venganza.

¿En que momento se sobrepasan los límites? Se ha llegado a un punto en el que ya no hay lugar para volver atrás. Los muertos caminan literalmente entre nosotros, nuestros captores no mueren, no hay forma de escapar, no hay manera de deshacernos de ellos, siempre regresan. No suficiente con esto, el reclutamiento de los nuestros para controlarnos bajo sus órdenes es incluso más odioso que el propio hecho de tenernos presos. Ya no solo luchamos contra ellos, nosotros también nos hemos transformado en una amenaza.

Sobrepasamos límites cuando se utiliza el propio suicidio, tanto para acabar con los cylon, como para terminar con los traidores. No importa humano o máquina, si cruzan la línea, ya no hay diferencia. La pena a pagar por la traición es la muerte.

Este nuevo tipo de control solo ha conseguido crear terror, angustia y desconfianza.
Gente en la que confiabas y estaba de tu parte es ahora un posible candidato a transformarse cada noche en un carcelero, secuestrador o asesino.

Rezo cada noche por las almas que, al igual que los cylon aunque invisibles, también vagan por la ciudad clamando venganza. Rezo por los vivos que lloran cada día a sus muertos. Rezo porque Adama regrese y nos libere de esta falsa libertad.

Vivir bajo el manto del miedo nos está matando.

Me dijiste una vez: “No es suficiente con vivir, hace falta una razón para vivir”

No pensé que tú te convertirías en la mía.

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[Fanfic] Calor

Calor

Summary: Bill y Laura tienen que compartir habitación

Pairing: Adama/Roslin

Rated: MA

Spoilers: Ninguno

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Laura se despertó por el calor. El cuerpo de Bill estaba totalmente pegado a su espalda. Eso no hubiese supuesto ningún inconveniente si el Almirante no hubiese tenido una erección contra su trasero y su mano derecha no hubiese evitado su camisón y acaparado uno de sus pechos desnudos.

Tuvo que contener una exclamación de sorpresa cuando fue consciente de toda la información. Contuvo la respiración y se le atropellaron los pensamientos. No quería enfrentar esa situación con él despierto; sus sentimientos ya estaban demasiado a flor de piel para sobrevivir a un enfrentamiento como ese. Podría acabar enviando las excusas al infierno sin poder contener más sus ganas.
Trató de apartar su mano con movimientos suaves en los que sólo logró provocarse caricias indeseadas que la obligaron a contener el aliento. Tras varios intentos frustrados, y frustrantes, llegó a la conclusión de que lo mejor que podía hacer era intentar despertarlo sin dejar de fingir estar dormida.

Se balanceó con suavidad contra su pecho como si se acomodase. Después de tres o cuatro intentos le escuchó revolverse. Se quedó quieta.

Le sintió desperezarse rozando su cuerpo contra ella, balanceando su pecho a cada movimiento. Pareció tardar en reconocer en que parte de su cuerpo había apoyado la mano, ya que cuando se dio cuenta hizo amago de quitarla inmediatamente, pero se detuvo. Se quedó ahí, quieto. Fueron apenas unos segundos pero su cuerpo reaccionó tan deprisa que tuvo que morderse los labios para no gemir cuando la frustración la invadió al notar que su mano comenzaba a retirarse.
Se movió tan lentamente y con tanta suavidad que a Laura le pareció una caricia. Bill buscó el inicio de su camisón y tapó esa parte sensible que acababa de abandonar. Después deslizó la mano por su cintura hasta la cadera y allí se apoyó el tiempo suficiente para apartar la erección de su cuerpo.

Laura sintió moverse la cama bajo ella mientras él rodaba hasta quedar boca arriba, y durante unos segundos eternos no ocurrió nada más. Entonces escuchó un suspiro hondo, suavísimo, y momentos después la cama volvió a moverse.

Le oyó levantarse y caminar en dirección al baño, y cuando hubo cerrado la puerta tras de sí, soltó el aire que había estado conteniendo inconscientemente y dejó de morderse el labio inferior.

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Ya era tarde cuando Bill Adama puso rumbo a su habitación. Aquel día habían tenido más problemas técnicos de los que podía enumerar. Miró su reloj de pulsera; eran las dos de la mañana. Laura ya estaría en la cama. Durmiendo, con un poco de suerte.

No había sido capaz de enfrentarla, aquella mañana, tras despertarse excitado mientras dormía con ella, y tampoco estaba preparado para hacerlo ahora.

Entró en la habitación. Las luces estaban apagadas. Cerró la puerta despacio y se dirigió al baño sin hacer ruido, para desvestirse. Cuando volvió a tientas al dormitorio, escuchó la respiración acompasada de la mujer que, por al menos unos cuantos maravillosos días, compartía la cama con él.

Se deslizó entre las sabanas tratando de moverse lo menos posible para no despertarla. Estaba pensando en los miles de asuntos que todavía habían quedado sin resolver en el CIC, en todo el trabajo que tendría al día siguiente y en las averías que el jefe y sus chicos no lograban resolver, cuando se dio cuenta de que había pegado el pecho a la espalda de Laura y la abrazaba por la cintura.

Maldición.

Aparentemente era incapaz de aprender una lección cuando esta le golpeaba en la cara.

Levantó el brazo que tenía en su cintura para alejarse de ella, pero en ese momento una mano suave se entrelazó con la suya y le guió despacio a su posición anterior.

-Buenas noches, Bill. –Le habló en un susurro apenas audible con voz soñolienta. Supuso que la había despertado.

Tuvo que carraspear dos veces para que le saliera la voz.

-Buenas noches, Laura…

Intentó relajarse contra ella, pero tocarla le ponía nervioso. Cerró los ojos con fuerza y enterró la cabeza en su pelo. Trató de no pensar en nada y cuando no funcionó, pensó en los cylons, y cuando tampoco funcionó, pensó en Baltar. Tuvo que dejar de pensar en él, si su mal genio aparecía, no sabría cómo controlarlo entonces. Tras largos minutos de agonía, consiguió adormecerse mientras aspiraba el suave olor a frutas del champú de Laura, y disfrutando de su pequeño y cálido cuerpo entre sus brazos.

Aquella misma mañana se despertó solo en la cama. Aún medio dormido, se estiró para buscar a tientas a la mujer con la que se había acostado la noche anterior, pero sólo encontró sábanas frías.

Levantó la cabeza de la almohada. -¿Laura?

Una voz le contestó desde su despacho. –Estoy aquí. –La oyó acercarse. Estaba perfectamente preparada, con su habitual traje de falda y chaqueta.

Bill miró su reloj. Eran las seis de la mañana. Alzó la vista de nuevo hacia ella.

-Algo pronto para ti, ¿no?

-Pensé que hoy también te levantarías temprano así que fui a buscar algo para desayunar –sonrió. –Está en el salón. Estaba esperando a que te despertaras para desayunar juntos. Ayer ni si quiera te vi antes de que te fueras.

Bill se sentó en la cama algo desconcertado. –Sí, bueno, tenía mucho trabajo que hacer, lo siento. –Se puso las zapatillas y cogió su bata.

Cuando salió el baño se sentó a su lado en el sofá. No sabía como se las había arreglado, pero en la bandeja había un montón de cosas, todas con un aspecto realmente suculento. La miró agradecido, –no tenías que haberte molestado.

Laura respondió con una inclinación de cabeza y cogió algo que parecía zumo de color verde de la mesa. -No ha sido molestia, ayer me acosté muy pronto porque estaba agotada, así que he descansado bien.

Él asintió mientras soplaba la taza de café con la que se estaba calentando las manos.

-¿Sabes cuándo terminarán las reparaciones en el Colonial 1? –Hizo la pregunta de manera casual.

Bill la miró de reojo mientras le daba un sorbo a su café. –No lo sé con exactitud, pero sé que ha habido varias fugas graves, quizá un par de días, quizá una semana. Sea como fuere los técnicos se están volcando con ello.

Laura asintió ensimismada mientras mordisqueaba un panecillo.

Terminó su café casi de un trago y se levantó. –Voy a ducharme.

Laura le miró sorprendida. -Pero si apenas has probando bocado.

-Tengo que estar en el CIC lo antes posible, además tengo el estomago algo revuelto estos días, pero te agradezco mucho todo esto, de verdad. –Sonrió débilmente y desapareció en el cuarto de baño.

Desapareció por la puerta siendo Bill y a los quince minutos aproximadamente salió como un Almirante perfectamente adecentado. Se acercó hasta el sofá donde seguía sentada, y con una mueca le robó de las manos el bollo que acababa de coger.

-¡Eyyy…! –Rió.

-Gracias por el desayuno.

Asintió aún sonriendo. -Te veo esta noche, Bill.

Esa frase hizo que le recorriera un escalofrío. –Sí, hasta la noche. –Dio media vuelta y salió de la habitación pensando en el cuerpo caliente de Laura contra el suyo.

*******

Se le fue el santo al cielo repasando informes que tenía pendientes. Estaba tan concentrada en su trabajo que el sonido de la puerta la sobresaltó.

-¿Aun trabajando? Pensé que estarías acostada. –Vio al Almirante acercarse hasta ella, había claros signos de agotamiento en su cara.

-No me había dado cuenta de la hora que es. –Bostezó. –Creo que debería acostarme, sí.

Estaba cogiendo su pijama cuando se giró hacia ella. -¿Quieres pasar al baño primero?

-No, no te preocupes. Pasa y acomódate, pareces realmente exhausto. –Le dedicó una sonrisa dulce.

-No tardo nada. –Se metió en el baño y cerró la puerta.

Laura aprovechó para recoger todos los archivos que tenía desparramados por la mesa y colocarlos apilados en un montón. Después se fue a la habitación y comenzó a desvestirse para ponerse el pijama. Se deshizo rápidamente de las medias y la falda, de la camisa y el sujetador y se enfundó con un movimiento ágil dentro de su camisón.

Oyó un carraspeo tras ella.

Se giró casi de un salto. Y notó el rubor subir por su cuello y quemarse en las mejillas. Bill la miró fijamente unos segundos a los ojos y después recorrió su cuerpo rápidamente hasta fijar su mirada en alguna parte de la moqueta.

Habló con voz ronca. -Perdona…, pensé que te cambiarias en el baño.

Laura despejó su garganta. –No tiene importancia. –Se dio media vuelta y comenzó a recoger su ropa para evitar que notase que habían comenzado a temblarle las manos.

-Hoy me han dicho los técnicos que es más que probable que pasado mañana puedas regresar al Colonial.

Laura asintió levemente mientras colocaba su ropa en la silla. Cuando se dio la vuelta él estaba de pie al lado de la cama mirándola.

Titubeó. –Pasa tú primero…, yo me levanto antes.

-Oh, bien, sí. –Se metió en la cama y se deslizó hasta el otro extremo. Acto seguido Bill se metió a su lado.

-¿Apago?

-Sí, sí. –Se giró de cara a la pared y cerró los ojos. Le escuchó dar un par de vueltas antes de quedarse quieto. Tardó muy poco en escuchar su respiración acompasada llenar la habitación con un suave murmullo. “Pobre, ha caído rendido” -Pensó para si.

Trató de encontrar postura. No se dormía, necesitaba ir al baño. Se dio la vuelta parar mirarle, la habitación no estaba completamente a oscuras, estaba boca arriba con la cabeza girada hacia el lado contrario. Le daba una pena tremenda despertarlo, así que decidió que no lo haría. Supo que era una mala idea antes si quiera de moverse. Trató de pasar su pierna izquierda por encima de él sin tocarle, lo mismo hizo con su brazo. Suspiró cuando consiguió parecer un puente sobre él.

Hubiera terminado de pasar por encima de su cuerpo sin problemas, si Bill no hubiese escogido ese preciso momento para moverse también.

Como consecuencia Laura perdió el equilibrio y cayó con todo su peso sobre él.

El bote que dio Bill Adama fue de campeonato.

-¡¿Laura?!

-¡Lo siento! –Logró sentarse a horcajadas sobre él y apoyar los brazos en la almohada. –Perdona, sólo quería levantarme al baño y no quería despertarte.

Tenía el camisón enredado casi a la altura de la cadera y se inclinaba sobre él para poder apoyarse y no volver a perder el equilibrio.

No hubo contestación.

-¿Bill?

De repente agarró sus caderas con ambas manos y la empujó suavemente hacia un lado, demasiado tarde ya. Se quedó quieto con sus manos sujetándola, apretando los labios.

A Laura se le había comenzado a clavar su erección entre las piernas.

Le vio entreabrir los labios, pero de ellos no salió ningún tipo de sonido. Sentía el calor emanar de las palmas de sus manos. Se movió levemente sobre su regazo, y como consecuencia, un sonido ronco salió de la garganta de Bill. Se quedó quieta. Tras unos segundos repitió la maniobra más despacio, aumentando la presión contra su entrepierna, alargando el camino.

-Laura…

Se irguió apoyando las manos sobre su pecho, abrió las piernas todo lo que le fue posible y dejó caer su peso contra la erección. Él gimió ante la sorpresa. -Dioses, Laura… -Sus manos cobraron vida en ese preciso instante, buscaron la piel bajo su camisón y agarraron su cadera con fuerza. Comenzaron a guiarla sobre él formando un círculo invisible, arriba y abajo, adelante y atrás.

Laura cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, aferró la chaqueta del pijama de Bill con fuerza y se mordió el labio inferior mientras seguía moviéndose al ritmo que le marcaba. Su excitación aumentaba por momentos.

Bill sacó las manos de su camisón y comenzó a acariciarla por encima de él mientras ascendía. Moldeó sus caderas, se paró en su cintura y cuando llegó a sus pechos, Laura no pudo evitar un gemido ahogado. Llegó a sus tirantes y los deslizó suavemente sobre los hombros hasta que cayeron por si solos en la cintura. Aun en la penumbra pudo verle lamerse los labios.

Tocó sus pechos con sumo cuidado, acariciándolos despacio, apretándolos suavemente, abarcándolos por completo con la palma de su mano.

Laura necesitaba más y lo necesitaba ahora.

Metió su mano derecha por debajo de su cuerpo, por debajo de su pijama y por debajo de su ropa interior y acarició la piel suave de su pene que latía insistente contra su mano. Lo acaparó, lo masajeó, apretó levemente alrededor de él. Un jadeo ronco inhundó la habitación.

Bajó el pantalón de su pijama y su ropa interior como pudo hasta la mitad de sus muslos, agarró con firmeza su pene y lo guió hasta ella. Apartó su propia ropa interior, se colocó justo encima de él y comenzó a descender despacio. Las manos de Bill habían bajado de nuevo hasta su cadera y esperaban expectantes sujetándola de nuevo con fuerza.

Cuando ya no pudo bajar más y le sintió totalmente dentro de su cuerpo, supo que no hubiese podido sentirse más plena de ninguna otra manera. –Oh… dioses, sí- Se irguió de nuevo y empezó a marcar un paso lento. Subía despacio y se dejaba caer suavemente. Aquel ritmo no duró mucho tiempo, comenzó a moverse más rápidamente ante las exigentes acometidas del hombre que tenía entre las piernas.

Llegó un momento en el que los jadeos eran tan fuertes que ya no distinguía de qué labios salían los sonidos. Cerró los ojos con fuerza, cabalgó sobre él inclinada, mientras con dedicación Bill se centraba en sus pechos, los acariciaba, los lamía, chupaba suavemente sus pezones… Quería gritar, la placentera tensión estaba acabando con ella. Aceleró sus embestidas hasta el extremo. –Dioses… Bill- Empujó contra él tan fuerte, tan profundamente como le fue posible. Recibió el orgasmo con los ojos cerrados y un grito ahogado más agudo que todos los anteriores, apretando en sus puños la parte superior del pijama de Bill. Quedó exhausta casi en el acto. Entonces, con un movimiento rápido, Bill tomó las riendas de la situación. La giró sobre sí misma y posó su espalda en el colchón para comenzar a empujar contra ella casi con locura. Era excitante verlo al borde del orgasmo repitiendo una y otra vez su nombre. Le rodeó la cintura con las piernas y se aferró a él con fuerza.

-Sí, sí… sí, ¡SÍ! Dioses, ¡oh, dioses! ¡Laura…!

Las acometidas cesaron bruscamente y un sonoro jadeo salió de sus labios mientras sujetaba sus caderas firmemente contra él.

Bill se deslizó hacía un lado, rendido, mientras ella se acomodaba en su pecho. Se abrazaron sin decir nada durante un largo rato.

Fue el primero en romper el silencio -¿En qué piensas? –Le susurró al oído mientras le acariciaba el pelo dulcemente.

Laura levantó la vista y le miró divertida. -En que tal vez ahora sí debería ir al servicio…

Bill rió y besó sus pechos desnudos mientras ella trataba de levantarse de la cama. La vio desaparecer por la puerta del cuarto de baño recolocándose el camisón. Se tumbó en la cama sonriendo. Pensó que habría que estar completamente seguro de que las fugas del Colonial estaban totalmente reparadas, aunque para ello hubiera que alargar la estancia de Laura en su cuarto durante un par de semanas más… Esbozó una sonrisa casi felina acariciando esa posibilidad.

Laura apareció de nuevo sonriendo, despeinada, sonrojada, con el camisón colándose entre sus piernas. Podría acostumbrarse a verla pasear así por su habitación. Se acostó a su lado enredándose en su cuerpo, acariciando su pecho con una de sus manos, y apoyándose contra él, levantó la barbilla hasta sus labios y le besó apasionadamente.

Después desplazó los labios por su cuello, rozándole con suavidad, besándole dulcemente. La mente de Bill comenzó a pensar con rapidez mientras con una de sus manos deslizaba hacia arriba el camisón de Laura.

Acondicionamiento completo de la nave, varias pruebas a las tuberías reparadas en busca de posibles puntos débiles, análisis del resto de sistemas de aire en busca de otras posibles fugas… Sí, dos semanas más, como mínimo.

Qué se le iba a hacer. Habría que sacrificarse.

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